La privacidad puede perderse en la traducción

Un estudio sobre 2.611 aplicaciones reveló que traducir políticas de privacidad del inglés al español puede alterar derechos, obligaciones y brechas de transparencia. 

Una política de privacidad puede estar disponible en español y, aun así, no ofrecer la misma protección informativa que su versión en inglés. Puede conservar la mayoría de las palabras, mantener una estructura aparentemente similar y hasta superar una revisión superficial. Sin embargo, basta con que cambie un verbo, desaparezca una condición o se debilite una obligación para que cambie también lo que una persona entiende sobre el uso de sus datos.

En este artículo analizaremos los principales hallazgos de Enabling Multilingual Privacy Policy Audits: Large-Scale Analysis of Spanish Mobile Apps, una investigación realizada por Marcos Moran, David Rodriguez, Luka Nenadic, Norman Sadeh y Jose M. Del Alamo. A partir del análisis de 2.611 aplicaciones Android, el estudio muestra cómo el idioma puede influir en la forma en que se revisan, se comprenden y se comunican las prácticas de privacidad. 


La investigación se concentra en la posibilidad de auditar automáticamente políticas de privacidad escritas en distintos idiomas. No obstante, sus resultados abren una conversación más amplia para quienes trabajan en content strategy, UX writing, content design, product design, localización y asuntos legales.

Su advertencia central es que las auditorías centradas exclusivamente en inglés pueden “ocultar sistemáticamente brechas de transparencia” en entornos multilingües. Este riesgo no afecta solamente a las auditorías, también afecta a las personas que intentan comprender qué ocurrirá con su información.

Problemas de traducción en privacidad de datos


Una política traducida no es necesariamente una política equivalente

El equipo partió de dos conjuntos de políticas de privacidad originalmente escritos y anotados en inglés: OPP-115 y MAPP. Después, tradujo esos contenidos a los idiomas oficiales de la Unión Europea para comprobar si un modelo podía identificar las mismas prácticas de recopilación de datos en todas las versiones.

Para generar y evaluar las traducciones, la investigación comparó GPT-4o con eTranslation, el servicio de traducción de la Comisión Europea. En documentos jurídicos europeos, eTranslation obtuvo mejores resultados. Fuera de ese dominio especializado, el desempeño de ambos sistemas fue considerablemente más parecido.

La conclusión relevante para un equipo de producto es que la calidad de una traducción depende del dominio, del propósito y del riesgo del contenido. En otras palabras, el desempeño general de una herramienta no garantiza su desempeño en contenido legal.

Una herramienta que traduce correctamente una descripción de producto, una pantalla de onboarding o un artículo de ayuda puede no ser suficientemente precisa para traducir:las condiciones para compartir información;los periodos de conservación;las bases que justifican un tratamiento;las excepciones a un derecho;las obligaciones de una empresa;las acciones disponibles para retirar un consentimiento.

Una política de privacidad no debería recibir el mismo tratamiento que un mensaje promocional.


Los errores importantes no siempre parecen errores

La investigación incluyó una revisión jurídica específica. Una persona formada en derecho y con dominio de varios idiomas examinó traducciones de 5 políticas especialmente densas y complejas. La evaluación se concentró en precisión semántica, consistencia terminológica y claridad legal, no en preferencias de estilo.

La revisión encontró problemas críticos como omisiones, traducciones incorrectas de contenido sustantivo y fragmentos que habían quedado sin traducir. También detectó problemas de gravedad media, como títulos de sección ausentes e inconsistencias en expresiones modales. Los problemas leves incluían formulaciones inusuales, aunque jurídicamente aceptables.

Hago una aclaración, la revisión jurídica detallada se realizó sobre traducciones al francés, alemán y croata, no específicamente al español, por lo tanto, el estudio no demuestra que esos mismos errores aparezcan con idéntica frecuencia en traducciones del inglés al español.

Sin embargo, los tipos de error identificados son especialmente útiles para analizar los riesgos de ese par de idiomas. La modalidad, las condiciones, las negaciones y la terminología especializada también son zonas sensibles al traducir del inglés al español.

El problema es que estas fallas pueden pasar inadvertidas porque el resultado continúa “sonando bien”. Una oración gramaticalmente correcta puede comunicar una obligación diferente.

Por ejemplo: We may collect device information.

Podría traducirse como: Podemos recopilar información del dispositivo.

Pero “podemos” puede interpretarse como capacidad, permiso o posibilidad. Según el contexto, quizá el original quería expresar discrecionalidad: la empresa se reserva la posibilidad de recopilarla. En otros casos, el texto describe una práctica habitual y la traducción debería ser más directa:

Recopilamos información del dispositivo en determinadas circunstancias.

La elección de las palabras cambia la expectativa.

Algo similar ocurre con frases como:

  • “you may request deletion”;

  • “we will retain your data”;

  • “we may share information”;

  • “we are required to disclose”;

  • “you can withdraw your consent”.

Traducir may como “puede” o “podría”, will como “podrá” o “conservará”, y can como “puede” no produce siempre el mismo efecto. Una mala decisión puede transformar un derecho en una posibilidad incierta, una práctica eventual en una acción garantizada o una obligación en una simple intención.

 


Del inglés al español no se traduce solo el significado


En inglés jurídico y corporativo es frecuente acumular sustantivos, utilizar construcciones pasivas y omitir al agente responsable de una acción. El español permite reproducir muchas de esas estructuras, pero hacerlo puede generar textos más abstractos, distantes y difíciles de interpretar.



Consideremos una frase habitual: Your information may be shared with service providers.

Una versión literal sería: Su información puede ser compartida con proveedores de servicios. La oración no explica claramente quién comparte los datos. 


Una versión más directa podría ser: Podemos compartir su información con las empresas que nos prestan determinados servicios. 



Sin embargo, esa reformulación solo es válida cuando el sujeto y el alcance están confirmados. El equipo de contenido no debe agregar una precisión que la fuente no contiene ni esconder una ambigüedad que el equipo legal necesita resolver.


Detectar la ambigüedad antes de traducirla

Si el original no deja claro quién recopila, comparte o conserva la información, la traducción no debería maquillar el problema. Primero debe corregirse el contenido fuente.



También existen términos que no pueden localizarse mediante equivalencias generales. Palabras como controller, processor, processing, data subject, legitimate interest o third party tienen usos específicos dentro de determinados marcos regulatorios.



Además, no existe una única versión de “español legal” válida para todos los países. Una denominación utilizada en España puede no coincidir con la empleada en México, Colombia, Argentina, Chile o Perú. El nombre de una autoridad, de una figura jurídica o de la persona que ejerce un derecho puede variar según la legislación aplicable. 


Por eso, traducir una política para Latinoamérica significa identificar:
  • en qué países estará disponible el producto
  • qué normativa se aplica
  • qué entidad presta el servicio
  • qué derechos deben explicarse
  • qué términos reconoce el marco local
  • qué variaciones requieren versiones separadas.

Una sola traducción global puede ser más económica de mantener, pero también puede ser menos comprensible y jurídicamente menos precisa.

Cuando desaparece un título, desaparece una ruta

La investigación clasifica la pérdida de títulos de sección como un problema de gravedad media. Desde una mirada puramente lingüística, podría parecer menor. El cuerpo del texto sigue existiendo. La información, en teoría, todavía está disponible.

Desde UX, la situación es diferente. Las políticas de privacidad casi nunca se leen de principio a fin. Las personas suelen escanearlas para responder preguntas concretas:

  • ¿Qué información recopila la aplicación?
  • ¿Con quién se comparte?
  • ¿Durante cuánto tiempo se conserva?
  • ¿Cómo puedo eliminarla?
  • ¿Cómo retiro mi consentimiento?
  • ¿Dónde puedo presentar un reclamo?

Los títulos funcionan como puntos de acceso. Si una traducción elimina “How we share your information” o lo convierte en un encabezado vago como “Otra información”, reduce la encontrabilidad del contenido.

No se ha perdido solamente una frase, se ha deteriorado la arquitectura de información.

Lo mismo sucede cuando las versiones en inglés y español utilizan estructuras diferentes. Una persona puede recibir un enlace directo a una sección en inglés que no tiene equivalente en español. El equipo de soporte puede indicar un título que no existe en la versión localizada. Una actualización puede incorporarse en el documento fuente, pero quedar fuera de la traducción. La equivalencia debe incluir el contenido, la jerarquía y la navegación.


Una traducción incorrecta puede debilitar una decisión

Una política de privacidad influye en decisiones: aceptar una configuración, crear una cuenta, activar una función, compartir una ubicación, autorizar una integración o continuar utilizando un servicio.

Para que esas decisiones tengan sentido, las personas necesitan comprender al menos qué ocurrirá, para qué ocurrirá y qué opciones conservan.

Cuando la traducción modifica una condición o una obligación, la interfaz puede presentar una elección basada en información incompleta. Por ejemplo, un consentimiento puede parecer más amplio, más obligatorio o más definitivo de lo que realmente es. También puede ocurrir lo contrario, una traducción demasiado tranquilizadora puede minimizar una práctica relevante.

Supongamos que el original dice: We may disclose information when reasonably necessary to protect our rights.

Una traducción imprecisa podría comunicar: Compartimos información para proteger sus derechos.

Aquí cambian el sujeto, la finalidad y las condiciones. La empresa pasa de proteger sus propios derechos en determinados casos a compartir información para proteger a la persona. La frase podría generar una percepción de seguridad que el original no ofrece. Desde UX, este error afecta la confianza y la capacidad de decidir.

Desde una perspectiva legal, podría dificultar demostrar que la información fue comunicada de forma clara, coherente e inteligible. El efecto jurídico concreto dependerá de la legislación aplicable, del tipo de dato, del flujo y del papel que cumpla esa política. Aun así, el riesgo existe: dos versiones públicas que describen prácticas diferentes crean incertidumbre sobre cuál representa realmente el comportamiento de la organización.

Enabling Multilingual Privacy Policy Audits


El idioma también decide qué problemas pueden verse

La investigación encontró que las aplicaciones con políticas en español y en inglés transmitían datos personales en proporciones similares: 57,9 % y 56,5 %, respectivamente. Sin embargo, las omisiones detectadas fueron más frecuentes en el grupo con políticas en español: 37,6 %, frente a 13,3 % en el grupo con políticas en inglés.

Este dato exige cuidado. El propio estudio advierte que no debe interpretarse como una consecuencia del idioma. Las políticas en español pertenecían en gran medida a aplicaciones públicas, mientras que las políticas en inglés correspondían casi exclusivamente a productos comerciales populares. La diferencia puede estar relacionada con el tipo de organización, los recursos disponibles, la madurez del producto, las integraciones técnicas o los procesos de gobernanza.

Por lo tanto, el hallazgo no es “las políticas en español son peores”. Sino que cuando las auditorías solo entienden inglés, pueden excluir justamente al conjunto de productos donde existen más brechas de transparencia.

Traducir privacidad requiere diseñar un sistema de contenido

Una estrategia responsable no puede depender de una revisión final aislada, necesita un flujo específico para contenido de alto riesgo.

El proceso debería comenzar con una fuente clara y estructurada. Cada afirmación debe identificar quién realiza la acción, qué información está involucrada, con qué finalidad, bajo qué condiciones y qué opciones tiene la persona.

Después, la organización necesita un glosario jurídico y de producto. Ese glosario no debería limitarse a equivalencias de palabras. También debe documentar definiciones, términos prohibidos, variantes por país y decisiones sobre modalidad.

La revisión debe involucrar, como mínimo, a content design, localización y profesionales del derecho con conocimiento del mercado correspondiente. En flujos especialmente sensibles, también será necesaria la participación de seguridad, ingeniería y privacidad.

La calidad debe evaluarse dentro de la experiencia. Hay que comprobar:

  • títulos y enlaces internos
  • botones para ejercer derechos
  • mensajes de consentimiento
  • configuraciones de privacidad
  • avisos contextuales
  • correos de confirmación
  • centros de ayuda
  • versiones móviles
  • textos incluidos en las tiendas de aplicaciones.

No sirve que la política diga “puede retirar su consentimiento en cualquier momento” si la interfaz no permite encontrar esa opción o utiliza otro término para nombrarla. La consistencia también es parte del cumplimiento.

La traducción también forma parte de la privacidad

La principal lección de esta investigación es que traducir no debería ser el último paso del proceso. Una versión puede sonar correcta y, aun así, perder una condición, cambiar una obligación o dificultar el acceso a información importante.

Cuando una política dice que una empresa “puede”, “debe” o “va a” compartir datos, cada palabra influye en lo que las personas entienden y deciden.

Por eso, no alcanza con preguntar si una traducción significa lo mismo, también debe permitir tomar las mismas decisiones, ejercer los mismos derechos y comprender el uso de los datos con el mismo nivel de claridad.


Creado por: Valeria Tenaglia

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